Caminar despacio está relacionado con el envejecimiento corporal y cerebral

Todos llegamos a envejecer en algún momento de la vida, sin embargo un estudio publicado en JAMA Network Open, reveló que reducir la velocidad al caminar después de los 45 años es un indicador de envejecimiento prematuro tanto a nivel físico como neurológico.

Para tener una idea de la relación que existe entre el envejecimiento y la caminata, se analizaron a más de 900 participantes de 45 años en Nueva Zelanda que nacieron entre 1972 y 1973.

«La rapidez con que las personas caminan en la mediana edad nos dice mucho acerca de cuánto han envejecido sus cuerpos y cerebros con el tiempo», comentó a Health, Line Jeen Hartmann Rasmussen, investigadora de la Universidad de Duke.

“La velocidad de la marcha parece ser no solo es un indicador del envejecimiento, sino también un indicador de la salud del cerebro durante toda la vida”, enfatiza la especialista.

La investigación comenzó cuando los participantes tenían apenas tres años, fueron evaluados por neurólogos pediátricos, quienes se encargaron de medir inteligencia, lenguaje, habilidades motoras, regulación emocional y conductual. Cada cierto tiempo también se hicieron análisis médicos.

Los especialistas también tomaron en cuenta otros aspectos que podían estar relacionados con el envejecimiento como por ejemplo el índice de masa corporal, el nivel de colesterol y presión arterial. Además de realizar una prueba de resonancia magnética cerebral y calificar el envejecimiento facial.

El estudio concluyó tres cosas: que la marcha lenta está asociada a una “función física deficiente en la mediana edad”, asociando la velocidad al caminar con el rendimiento físico que habían encontrado en estudios anteriores.

En segundo lugar se determinó que la marcha lenta estaba relacionada al envejecimiento acelerado, representado por el deterioro de los órganos y el envejecimiento facial, además de realizar cambios en la estructura del cerebro. En resumen los que caminaban lento envejecían más rápido que las personas más veloces.

Finalmente se estableció una conexión entre el caminar lento y el deterioro neurocognitivo, las personas que caminaban rápido, tenían coeficientes más altos y un reducido riesgo a padecer demencia en el futuro.

«Caminar parece algo muy simple, pero caminar realmente requiere la función y la interacción de muchos sistemas de órganos diferentes al mismo tiempo, incluidos los huesos, el corazón, los pulmones, los músculos, la visión, los sistemas nerviosos, etc.», afirma Rasmussen.

La especialista recomienda aumentar la velocidad de marcha para así mantenerse saludable y ejercitar los diferentes órganos del cuerpo que se encuentran involucrados en lo que parece una simple caminata.

 

Fuente: i24mujer